sábado, 21 de febrero de 2009

Mad Men

Hoy es sábado. Hoy tendría que estar en Madrid. Ahora mismo tendría que estar vistiendo para asistir a una fiesta de disfraces de Fama.
Hoy es sábado, estoy en Barcelona, voy en chándal y el único rasgo de disfraz que se va a ver esta noche es mi flequillo electrificado por culpa de la cinta de pelo que he llevado todo el día.
No entraremos a debatir sobre quién es el causante de tan lastimosa situación porque bastante penoso es estar todo un día pendiente de la Ley de Secretos Oficiales como para ahondar en la herida.
Menos mal que para soportar tal suplicio tengo dos maravillosos capítulos de la segunda temporada de Mad Men listos para ser vistos. Situada en los años 50 y principios de los 60, la serie explora los inicios de la publicidad en la Gran Manzana. Personajes desubicados, ambiciosos, mujeres exuberantes que sufren un machismo que era parte intrínseca del sistema.
Visualmente impecable, un vestuario excelente y unos de los títulos de crédito más buenos que he visto últimamente. Si bien es cierto que su ritmo no es trepidante en cuanto la empiezas a ver quedas atrapado por su ambiente denso mezcla de whisky y tabaco que los personajes consumen compulsivamente y te entras ganas de coger la máquina del tiempo y trasladarte a las oficinas de Sterling Cooper
El principio de la segunda temporada es maravilloso y una muestra de buen ritmo televisivo encadenando todos los personajes a ritmo de Chubby Checker y Let’s Twist Again.


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